Diseño inteligente o azar

 Por: Armando Malebranch Eraso Dorado

 Alguna vez a todos nos habrá pasado que al contemplar un atardecer en la playa o en una inmensa llanura, nos quedamos absortos de ver tanta belleza, esas pinceladas maestras de color anaranjado con que han sido teñidas las nubes y el cielo de occidente; y luego cuando el sol se haya escondido, y ha entrado la noche, más abismados y perplejos nos quedamos al ver el cielo repleto de estrellas titilantes, luceros pequeñitos pero llenos de brillo y las 7 pléyades, extremadamente azules y luminosas, Igualmente cuando contemplamos las bellezas naturales de nuestro mundo, los valles las montañas, las playas, las cascadas, la enorme variedad de pájaros, el inconmensurable surtido de bellas flores, animales y frutas, hacen exclamar a cualquiera ¡eh ahí!,  la mano de dios.

Así comienza un interesante debate que se viene dando en los últimos 100 años de la historia de humanidad entre científicos creyentes y científicos incrédulos, o ateos, para los primeros todas las maravillas de la naturaleza obedecen a un diseño inteligente el cual, puesto a funcionar en la realidad, constituya el “ajuste fino” y cuyo autor no puede ser alguien diferente a Dios, en cambio los científicos ateos sostienen que todo obedece a la evolución, tanto de la vida como del cosmos hasta haber alcanzado el ajuste fino sin necesidad de que Dios lo haya planificado  ni calculado previamente.

Los partidarios del diseño inteligente, parten de aquel principio bíblico que dice: ni la hoja de un árbol se mueve sin la voluntad divina y por lo tanto le apuestan a que este ser supremo poseedor de una inteligencia y sabiduría infinitas, lo diseñó todo y lo puso a funcionar con tan milimétrica precisión que todo el inmenso universo como el más pequeño de los seres vivos, tiene no solo una razón de ser y de existir, sino de funcionar y eso nos llega a nuestros sentidos y lo podemos palpar y admirar, mejor dicho Dios fue, es y será un matemático e ingeniero inconmensurable, tan admirable que así como calculó la velocidad a la que tienen que moverse las estrellas y las galaxias o los planetas alrededor de su respectiva estrella, también calculó el largo de cada una de las articulaciones de las patas de las hormigas para que pudieran caminar cargando hasta 50 veces su propio peso.

Para la mayoría de los seres humanos es mucho más lógico, comprensible y aceptable el argumento del diseño inteligente, que el del azar como responsable de todo lo existente. Lo novedoso es que esta polémica no tiene más de 100 años, de los 200.000 que lleva el ser humando sobre la faz de la tierra, o sea hace muy poco tiempo porque antes había consenso y todo se resolvía con la existencia y autoría de Dios, pero entonces la pregunta es: ¿qué paso hace 100 años? Bueno, digamos no exactamente hace 100 años, la duda empezó hace 506 años, cuando Nicolás Copérnico, un canónigo católico de la catedral de Frauenburg, pueblo en el norte de la actual Polonia, sobre la laguna del Vístula, provincia de Varmia y Masuria, publicó entre sus amigos una hoja de papel donde advertía que la tierra no era el centro del universo, sino que se trataba de una esfera que orbitaba alrededor del sol (teoría heliocéntrica), esa hoja de papel constituía una especie de antesala a su libro “Sobre las revoluciones de las esferas celestes”, publicado en 1.543, cuando él estaba falleciendo.

A partir de ese acontecimiento la comunidad científica, empezó a inquietarse por el estudio más científico y menos filosófico del cosmos, del mundo y de la vida. Aunque vale la pena advertir que mucho antes de Copérnico, aproximadamente en el siglo III antes de nuestra era, el astrónomo griego Aristarco de Samos era partidario del heliocentrismo, según lo narran Arquímedes y Plutarco, solo que en tiempos de Aristarco, los astrónomos y la gente en general al ver que tanto el sol como la luna y las estrellas, le dan la vuelta al cielo, creían que era la prueba más que suficiente para pensar que la tierra era el centro de todo lo existente (teoría geocéntrica), planteamiento explicado y defendido por el gran sabio de la antigüedad Aristóteles, teoría reforzada más tarde por Claudio Ptolomeo, astrónomo, astrólogo, químico, geógrafo y matemático egipcio, autor del libro “Almagesto”, que es un tratado de astronomía de esa época,  que entre otras cosas, contiene un catálogo de estrellas que Ptolomeo tomó de una obra anterior de Hiparco de Nicea. En conclusión, los planteamientos Aristotélicos, no dejaban lugar a dudas de que la Tierra era el centro del universo y los planetas, el Sol, la Luna y las estrellas se encontraban en esferas fijas que giraban alrededor de la Tierra.

Con esta hipótesis geocéntrica, se les otorgaba credibilidad absoluta a las doctrinas religiosas, especialmente cristianas, musulmanas y judías, las que basan sus libros sagrados, en la creación de todo, por voluntad y trabajo de Dios, por ejemplo: «El primer día, Dios creó los cielos y la tierra» (Génesis 1:1-5) (Véase Génesis capítulo primero). Además, en la religión católica el Papa o máximo jerarca de la iglesia era el representante de Dios en la tierra y por tanto poseedor de la máxima autoridad religiosa y hasta política, pues él era el encargado de coronar a los reyes, a quienes sus súbditos les debían obediencia absoluta porque habían sido ungidos por el mismísimo Dios a través del Papa

Esta manera de percibir el universo se mantuvo desde entonces y durante 15 siglos en la mente de toda la humanidad, incluidos los científicos, hasta la aparición de la obra, ya mencionada, de Copérnico. La obra de este científico fue revolucionaria por haber hundido, las verdades, supuestamente, inamovibles, que existían hasta ese entonces. Pero había un problema: si la tierra no es el centro del universo y de todo lo creado entonces ¿qué pasaba con la religión y con el papa? Quizá este temor contuvo a muchos investigadores a atreverse a descubrir la verdad, es más por esa época la iglesia católica había creado los famosos tribunales del santo oficio o la santa inquisición, encargados de perseguir la herejía y dado que las teorías heliocéntricas se consideraban heréticas, para la Iglesia Católica, entonces habría que prohibirla y por supuesto castigar a quienes defendieran, divulgaran o promovieran cualquier tema que tuviera que ver con el heliocentrismo. Hoy en día, y ya sin inquisición, y apenas con 100 años o un poco más del devenir científico de la humanidad, el punto de vista del ateísmo viene ganando terreno entre los científicos más connotados, pero no por ello se puede decir que en la misma proporción hayan ganado adeptos entre la población.

Pero continuando con nuestra admiración por las bellezas del universo, lo que muchos no saben es lo que hay detrás de tanta belleza, o mejor dicho detrás del espectáculo, o como dirían los comediantes muy pocos saben lo que hay tras bambalinas, en ese orden de ideas empecemos por mirar el universo profundo y desde luego lo que sucede en nuestro mundo

Aunque es muy poco lo que se ha podido investigar sobre el universo y específicamente sobre el cosmos, dado su gran tamaño y que, con los telescopios y sondas espaciales o satélites artificiales, disponibles en la Tierra, en pleno siglo veintiuno, no se ha alcanzado a ver más del 4% de la inmensidad del cosmos. El Premio Nobel de Física Robert Wilson afirmó, en el año 2016, que la comunidad científica desconoce el 96 por ciento del Universo, pero, aun así y suponiendo que ese 4 o 5 por ciento conocido es una muestra como las muestras de sangre para los diagnósticos médicos, podríamos realizar un viaje fantástico al profundo universo y nos encontraríamos que es un espacio muy grande, inmensamente grande, lúgubre, terriblemente espantoso vacío y oscuro y de repente nos topamos  con presencia de gases y piedras de todos los tamaños, volando en todas direcciones y sin rumbo, chocando a miles o quizá millones de kilómetros por hora sacándose chispas en los impactos y formando inmensas hogueras de pura candela, la fuerza de atracción mutua que ejercen las masas de rocas hacen que la piedra más grande atraiga a su centro más piedras, las que haya a su alrededor, ahora si hay mucha piedra concentrada en su núcleo lo que podríamos apreciar en nuestro viaje fantástico que existen dos tipos de fuerzas, una de atracción y otra de repulsión.

La fuerza de atracción la conocemos todos, como la gravedad[1] y la vemos todos los días en nuestra cotidianidad, por ejemplo, los muebles de la casa o de la oficina se ensucian de polvo precisamente por la fuerza de atracción, el polvo encima de superficies horizontales se adhieren por la fuerza de atracción del planeta tierra en cambio el polvo adherido a las superficies verticales son atraídas por la fuerza de atracción del mueble, porque este  tiene más masa y por ende más fuerza de atracción, que los gránulos de polvo que se encuentren volando a su alrededor, estos gránulos de polvo no alcanzan a ser atraídos por la fuerza de atracción de la tierra debido a que vuelan mucho más cerca del mueble que de la tierra, pero por otra parte existen miles o quizá millones de partículas de polvo que permanecen volando en el aire del habitáculo donde está el mueble y he aquí que en este pequeño ejemplo, vemos claramente,  que se forma por azar una red gravitacional, de por lo menos nueve nodos, por una parte está presente la fuerza de atracción o fuerza de gravedad de la tierra, nodo 1,  en segundo lugar la fuerza  del mueble, nodo 2, también está presente la fuerza de atracción de las paredes del habitáculo donde está el mueble, nodo 3,  pero también está  presente la fuerza de gravedad de cada una de las partículas de polvillo, que está volando en el aíre en el habitáculo, nodo 4, pero, aunque no lo creamos,  también está presente la fuerza de gravedad de la luna, nodo 5, también está presente la fuerza de gravedad del sol, nodo 6, igualmente aparece la fuerza de gravedad del planeta marte, nodo 7, la fuerza de gravedad del planeta venus, nodo 8, la fuerza de gravedad del planeta júpiter, nodo 9, y posiblemente sean más las fuerzas de gravedad presentes pero, lo cierto  es que esas distintas fuerzas de gravedad en diferentes direcciones y diferentes intensidades, conforman, en cierta manera un equilibrio.

Por un momento imaginémonos que somos tan pequeñitos, como un microbio o quizá como un virus y contemplamos el espectáculo de esos gránulos de polvo flotando, es posible que nos encontremos parados sobre el mueble o adherido a alguna de las paredes o quizá en el suelo, para nosotros resultaría imposible, por nuestro tamaño, que veamos el mueble, ni las paredes del habitáculo, pero si la armonía con que flotan los gránulos de polvo que alcancemos a ver.

Pero mencionábamos que, en el universo, cuando las masas libres se atraen entre sí, puede resultar dos tipos de fuerzas una de atracción concéntrica y otra de repulsión, la idea es que  si se conforma un aglomerado muy grande de masa capaz de atraer más y más masas y si estas masas alrededor del gran aglomerado no se sienten atraídas por otras masas de igual masa que el gran aglomerado, se apeñusquerían  tanto, que su propia presión sería capaz de llegar a un punto tal de apretujamiento que se reventaría el agregado, produciendo un estallido descomunal, lanzando piedras incandescentes  de todos los tamaños y en todas las direcciones, de este conjunto desordenado de piedras volando, muchas caerían en campos de fuerzas gravitacionales ya definidos por el azar y allí se quedarían, otras de esas piedras seguirán volando por el espacio atraídos por otros campos gravitacionales; de este juego aleatorio de juntanzas y rebotes de piedras es como se han ido perfilando grupos definidos y particulares de cuerpos celestes tales como los sistemas planetarios y las galaxias.

En nuestra vida diaria no podemos ver la fuerza de atracción de piedras más grande juntándose entre ellas y formando bolas pétreas de mayor tamaño porque la fuerza de atracción de nuestro planeta las atrae hacia sí y nunca podríamos ver un conjunto de piedras juntándose libremente, cosa que, si es posible ver en el espacio fuera del alcance de la atracción de la tierra o de cualquier otro planeta, o estrella.

En dado caso que alrededor de la estrella se encuentren otros cuerpos, de cualquier tamaño que no pudieran ser atraídos y atrapados por la estrella porque otras fuerzas de atracción que estén por ahí cerca las halen hacia sí, entonces se forma una red gravitacional con muchos nodos haciendo fuerza en diversas direcciones a tal punto que se podría formar una especie de rueda, como una inmensa dona, de piedras de todos los tamaños flotando, y dando vueltas como se tratara de un velódromo alrededor de la estrella, muchas de dichas rocas pueden ser tan grandes como planetas y es así como se forman los sistemas planetarios, como lo es nuestro sistema solar.

Entonces, fijémonos como nuestra simple vista nos engaña, en este encantador cielo, se ven luces, muchas luces, son las estrellas y luceros, si nos acercáramos lo que veríamos son inmensas bolas de fuego volando alrededor de agujeros negros que son como inmensos inodoros que las van chupando o tragándoselas. Alrededor de cada agujero negro vuelan en círculo miles o quizá millones de estrellas o inmensas bolas de fuego, con sus correspondientes sistemas planetarios, si es que los tienen, conformando las galaxias, o sea que cada galaxia no es otra cosa que un inmenso inodoro no diseñado, sino un hueco, que no es hueco, pero que succiona las piedras gases y estrellas que le rodean.

Esto que acabamos de decir está corroborado en descubrimientos científicos, que demuestran que alrededor de algunas estrellas o sean aquellas inmensas bolas de candela, orbitan otras bolas de piedra o de gas, denominadas planetas, cada uno de los cuales, no son otra cosa que grandes conglomerados de roca o de gases, como lo son, entre otros el planeta en el que vivimos al que le han dado el nombre de Tierra que es un conglomerado de rocas, agua y gases formando una bola o globo rocoso y otros como los llamados Mercurio, el que también es rocoso, Venus y Marte igualmente rocosos y otros como bolas de gases como Júpiter y  Saturno 

Por otra parte también se ha descubierto que lo que antes se creía que los agujeros negros eran unos conductos huecos que succionaban estrellas, planetas, gases, etc. y las llevaban a una dimensión desconocida fuera del universo, ha quedado descartado y ahora se sabe que el agujero negro, no es agujero, sino una región, casi siempre en el centro de cada una de las galaxias del universo, que concentra tanta materia, algo así como 74.000.000 planetas tierra, apeñuscados de tal manera que no ocuparía sino un tamaño de 4.000.000 de planetas tierra , o sea que la concentración de fuerza gravitacional sería tan grande como 74 millones de veces la que apreciamos en la tierra, pero recogida en una bola 4 millones de veces más grande que este planeta, por poner un ejemplo, si usted pesa 80 kilos en la tierra, en un agujero negro pesaría 74 millones de veces más, más o menos 5 billones de kilos, desaparecido por su propio peso.

Estos agujeros negros tienen tanta fuerza gravitacional o de atracción que atrae hacia sí, lo que se le ponga, incluso la propia luz; entonces estos inmensos traga-todo están succionando a miles y quizá millones de estrellas y planetas, polvo y gases que les rodean en un radio de hasta millones, que decir millones, billones de kilómetros a la redonda, por ejemplo el agujero negro de nuestra vía láctea que es la galaxia a la pertenecemos los habitantes del planeta tierra, tiene un radio aproximadamente de 52.850 años luz, o lo que es lo mismo 1,89×1018 kilómetros, pero lo más sorprendente es que en este preciso momento estamos avanzando hacia el agujero negro de nuestra galaxia a una velocidad de 2.000.000 de kilómetros por hora.

En los confines de las galaxias, aparecen estrellas planetas, piedras, polvo y gases a punto de desgajarse del agujero negro, o mejor dicho de su correspondiente galaxia, pero eso, aunque sucede muchas veces, los sostiene la denominada materia oscura que es una especie de nido donde está asentada cada una de las galaxias. En el dado caso que algunas estrellas, con sus amigos los planetas, asteroides, meteoritos, polvo y gases lograran desprenderse del poder gravitacional de la galaxia, ocurriría, talvez la formación de una nueva galaxia, porque la estrella más grande de las independizadas, atraería con su fuerza gravitacional a las otras independizadas de la misma galaxia, más otras desprendidas de otras galaxias, logrando, de esta forma acumular tal fuerza gravitacional, que la materia así aprisionada estallaría con una fuerza nuclear in-imaginada, por nuestros pobres cerebros, que haría volar en pedazos la materia en todos los tamaños y a un radio de acción inmenso. Pero como no toda la estrella se deshace, lo que quede como su núcleo, tendría tal fuerza de atracción que lo más probable es que se convierta en un nuevo agujero negro con capacidad de halar hacia su centro a los demás estrellas y planetas circunvecinos, los que antes de caer en el agujero negro darían vueltas en círculo, dado que al mismo tiempo que son atraídos por el agujero negro, lo son también de otras estrellas, posiblemente aquellas que perteneciendo a otras galaxias se encuentran en la periferia y son nodos de atracción que hacen retardar la caída de muchas estrellas y planetas al nuevo agujero negro surgido del azar y se vea como un conjunto de astros dando vueltas, hasta que finalmente caigan atrapados, debido al incesante incremento de la fuerza gravitacional del agujero.

Ahora como es de suponer un agujero negro incrementa su fuerza de gravedad porque cada vez aumenta su masa y esta aumenta porque al agujero caen más y más estrellas, planetas y asteroides dando como resultado, lo que le pasa a todo agujero negro, que finalmente estalla, porque la presión ejercida por la cantidad de masa concentrada, fuerza a los átomos de la materia, a disminuir al límite la distancia entre los electrones y su correspondiente protón, proceso que por la compresión acumula tal fuerza nuclear que su estallido es de tan descomunal potencia, que las partículas, tanto grandes, como pequeñas salen volando a billones de kilómetros de distancia y a velocidades in-imaginables. Este fenómeno, visto así se repite permanentemente y de ahí que lo que pudiera verse en un viaje interplanetario sería un bombardeo desgobernado de partículas de todos los tamaños las que finalmente caerán atrapadas por alguna de las fuerzas de gravedad presentes en esta inmensa red de fuerzas de diferentes intensidades, dependiendo del tamaño y distancia de los diferentes cuerpos.

Muchas de esas piedras de hasta una libra de masa han caído por miles durante millones de años sobre nuestro planeta, muchas de las cuales han sido últimamente reportados por la prensa como asteroides o meteoritos y hasta  se ha llegado a saber que muchas de dichos proyectiles nunca fueron reportados porque han caído en áreas despobladas, como selvas o en alta mar, tan es así que el científico británico Stephen Hawking dijo que mayor riesgo de destrucción de nuestro planeta lo representaban los asteroides o meteoritos, es más la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, o sea la NASA, ha creado un departamento especial para la detección y defensa de asteroides

Todo este basural de escoria cósmica se mantiene en equilibrio, en el inmenso universo es debido a las fuerzas tanto de la gravedad como de repulsión que toda masa posee, y como entre todas las bolas de masa unas más grandes que otras se atraen mutuamente conforman redes gravitacionales enormes con infinito número de nodos y es así como  aparecen muchas, tal vez, muchísimas zonas en equilibrio perfecto, que a muchos les hace pensar que todo se debe a un diseño pensado y puesto a funcionar por algún ser superior, pero como hemos visto, el tal diseño no existe, las cosas se van dando al azar, dando a veces formas equilibradas y funcionales y otras veces alocadas.

Ahora es de advertir que estas cosas no se han dado de la noche a la mañana, no, este universo desde su estallido inicial lleva nada más, ni nada que 13.800.000.000 (trece mil ochocientos millones) de años y en un gran espacio, el que aproximadamente mide 93.000.000.000 noventa y tres mil millones) de años luz, o lo que es lo mismo 9'46 billones de kilómetros.

Este caótico universo no puede provenir de un diseño inteligente, como lo concebimos los humanos y como nos tratan de hacer creer muchas personas, por otra parte, un diseño inteligente no podría tener tanto desperdicio, como miles y miles o tal vez millones de planetas vacíos, sin saberse para que existen o para qué sirven; para no ir muy lejos en nuestro sistema solar tenemos ocho planetas, sin contar con los llamados planetas enanos, orbitando a una inmensa bola de fuego al que le hemos llamado el sol, de los ocho, solamente en la tierra hay vida como la conocemos y los otros siete son desolados vacíos, tétricos, por ejemplo el planeta venus es un gigante, del tamaño de la tierra,  aunque es un grano de polvo si se compara con el universo, este gigante tiene una temperatura de 463,85º  C y presión atmosférica de 90 veces superior a la de la tierra, o sea es calientísimo, como una caldera o más, lo que lo imposibilita para albergar vida, como la conocemos.

Si el universo, obedeciera a un diseño inteligente, en primer lugar, no debería ser tan grande ¿para qué?, ahora en nuestro sistema solar los planetas deberían calentarse de otra manera de tal suerte que Mercurio no fuera tan caliente, ni Urano tan frío ¿Qué tal que contáramos con 7 planetas vecinos con características diferentes como para ir de vacaciones? Por otra parte, además de los planetas, algunos de ellos tienen lunas orbitándolos, por ejemplo, la Tierra tiene una luna, Marte tiene 2, Júpiter tiene 79 lunas, Saturno tiene 82, Urano 27, Neptuno 14 y sin contar las lunas que rodean los planetas enanos, en todo el sistema solar contamos con 213 lunas, ninguna de las cuales sirve para nada, o quizá hacen parte de los nodos necesarios para que esta red gravitacional permanezca en equilibrio, pero si así fuere, eso no obedece a ningún diseño sino a acomodos aleatorios que la naturaleza ha encontrado a punta de prueba y error.

Un dato importante a tener en cuenta es que el universo no está estático, sino en expansión, como lo descubrió el sacerdote católico de origen belga, matemático, astrónomo y profesor de física en la Universidad Católica de Lovaina, Georges Henry Joseph Édouard Lemaitre, más conocido como Georges Lemaître,  lo que hace suponer, en primer lugar, que el algún momento en el futuro cesará la expansión y empezará la carrera de reversa, e igualmente, hace suponer que en el pasado debió comenzar la expansión y parece que así fue, pues resulta que en el pasado la totalidad de lo que actualmente conocemos como el inmenso universo debió estar concentrado con tal fuerza de presión que solo era una pequeña porción de materia y energía, a la que el propio Lemaître, le llamó el átomo primitivo o huevo cósmico, el que hace 13.800.000.000 años pegó un estallido colosal, (Big Bang) que envió la materia en todas direcciones y a gran velocidad y cómo sería la magnitud de esa explosión que hasta este momento después de tantos años aún sigue expandiéndose, a esa expansión se le conoce como la métrica de Friedman-Lemaître-Robertson-Walker.

En cuanto a la fuerza de repulsión recordemos, en primer lugar, que la materia está hecha de moléculas, a excepción de los metales sólidos y estas a su vez están conformadas por átomos, aunque hay moléculas de un solo átomo, como las moléculas de los gases nobles, las moléculas son unidades de materia muy pequeñitas, tanto que ni con microscopios electrónicos de alta potencia, se pueden ver, porque es imposible distinguirlas debido a que para ver algo se usa las ondas de luz, las cuales chocan con el cuerpo que se quiere ver y resulta que las ondas de luz son tan amplias que una molécula puede quedar en medio de la onda de luz más corta como lo es la luz ultra violeta


[1] Según la Teoría de la Relatividad General, la gravedad es una característica geométrica del espacio-tiempo, es decir, los efectos gravitatorios son una consecuencia de la forma del espacio-tiempo.